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Santoral:
Santa Agueda y San Felipe de Jesús

LECTURAS DEL DOMINGO 5 DE FEBRERO DE 2012

Soy presa de la inquietud hasta la aurora

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7

Job habló diciendo: .
¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra?
¿No son sus jornadas las de un asalariado?
Como un esclavo que suspira por la sombra,
como un asalariado que espera su jornal,
así me han tocado en herencia meses vacíos,
me han sido asignadas noches de dolor.
Al acostarme, pienso: «¿Cuándo me levantaré?»
Pero la noche se hace muy larga
y soy presa de la inquietud hasta la aurora.
Mis días corrieron más veloces que una lanzadera:
al terminarse el hilo, llegaron a su fin.

Recuerda que mi vida es un soplo
y que mis ojos no verán más la felicidad.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                      146, 1-6

R.    Alaben al Señor, que sana a los afligidos.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén
y congrega a los dispersos de Israel.  R.

Sana a los que están afligidos
y les venda las heridas.
Él cuenta el número de las estrellas
y llama a cada una por su nombre.  R.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida.
El Señor eleva a los oprimidos
y humilla a los malvados hasta el polvo.  R.

¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!

Lectura de la primera carta del Apóstol
san Pablo a los cristianos de Corinto 9, 16-19. 22-23

Hermanos:
Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.
¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Predicar gratuitamente el Evangelio, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.
En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.
Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Sanó a muchos, que sufrían diversos males

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos 1, 29-39

Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era El.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».
Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».
Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios.

Palabra del Señor.

Reflexión

VIVIR PARA DIOS Y VIVIR PARA LOS HERMANOS
1.- ¿Paciencia o confianza en Dios? Job es un hombre acosado por todos los males: ha perdido sus bienes, ha perdido sus hijos, ha perdido la salud. Y no ha hallado otra cosa que la incomprensión de su mujer y de sus amigos que le dicen que tiene que haber cometido un pecado oculto y por eso le ocurren tantos males. Pensaban, según la mentalidad judía de entonces, que Dios premia en este mundo nuestras buenas acciones y castiga las malas. La enfermedad, piensan, es consecuencia del pecado. Job se convierte en portavoz de todos los hombres que sufren y recoge en sus palabras la experiencia de toda la humanidad. Al tratar de comprender su caso en el contexto del sufrimiento humano en general, Job nos ofrece también en su paciencia proverbial y en la lucha de su fe un ejemplo válido para todos. Este hombre que sufre suspira por la recompensa y el descanso, pero no halla más que noches de insomnio y su herencia no es otra que el tiempo perdido. La descomposición progresiva de su propia carne le advierte a Job de la fugacidad de la vida, que se precipita hacia el fin sin esperanza y se desliza entre los dedos sin que el hombre sea capaz de retener su sentido. ¿Qué puede esperar un hombre que desespera así? ¿Por qué acude Job ahora con sus quejas ante Dios? Sin embargo, hay una esperanza que sostiene a Job en la desesperación. Por eso, este hombre desesperado, acude a Dios y mantiene abierta su pregunta hasta que Dios quiera dar la respuesta. En esto consiste la paciencia de Job, en su confianza en Dios… Al final, descubrirá que no podemos conocer los designios de Dios, que El sana los corazones destrozados (salmo) y vela por nosotros aunque no lo entendamos en el momento. La remuneración por nuestras obras no se da en este mundo.
2.- La jornada de Jesús. En el fragmento del evangelio de Marcos hay como una página de la agenda de Jesús un día cualquiera. Hoy vemos claramente cómo Jesús dividía la jornada. Por un lado, se dedicaba a la oración, y, por otro, a su misión de predicar con palabras y con obras. Contemplación y acción. Oración y trabajo. Estar con Dios y estar con los hombres. Comienza con un tiempo de familia en casa de Simón y Andrés en Cafarnaún. Está con sus amigos, se acerca a sus problemas, comen juntos... Continúa con un tiempo de trabajo, de hacer el bien. Hace su tarea: curar enfermos, expulsar demonios, anunciar el Reino, ayudar a los pobres…. Se acerca a los pobres-sufrientes que le llevan y los cura solamente alargando la mano; sólo con un breve contacto con Él, que es fuente de vida, quedan liberados-salvados. Después suponemos que dormiría algo. Aunque, de madrugada, es el tiempo de orar: en descampado, a solas con el Padre. Y estando en esas, llegan sus compañeros a avisarle de que la gente le busca. Más trabajo…. Es tiempo de tomar decisiones, tiempo de avanzar hacia otras aldeas, para predicar también allí. Para eso ha venido, es incansable. Sabe unir el vivir para Dios y el vivir para los demás.
3.- Jesús se procuraba también tiempo de soledad para dedicarse a la oración: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35). En otros lugares de los evangelios vemos a Jesús dedicado a la oración en otras horas e, incluso, muy entrada la noche. Sabía distribuirse el tiempo sabiamente, a fin de que su jornada tuviera un equilibrio razonable de trabajo y oración. Nosotros decimos frecuentemente: ¡No tengo tiempo! Estamos ocupados con el trabajo del hogar, con el trabajo profesional, y con las innumerables tareas que llenan nuestra agenda. Con frecuencia nos creemos dispensados de la oración diaria. Realizamos un montón de cosas importantes, eso sí, pero corremos el riesgo de olvidar la más necesaria: la oración. Hemos de crear un equilibrio para poder hacer las unas sin desatender las otras. Hay una mano alargada hacia nosotros que yacemos agobiados por tantos males y tenemos los corazones destrozados; basta con abrir la nuestra y nos encontraremos en pie y renovados para el servicio, como la suegra de Pedro. Podemos “abrir” la mano mediante la oración, tomando ejemplo del Señor. La Eucaristía de cada domingo es el encuentro con el Señor que viene a levantarnos del pecado de la rutina y del desánimo para hacer de nosotros testigos vivos de un encuentro que nos renueva constantemente, y que nos hace libres de verdad con Jesucristo. Quizá nos debiéramos organizar un poco más. Disciplinarnos, “domesticando” el tiempo. Hacer el pequeño compromiso de dedicar un rato cada día a mirar y a escuchar a Jesús (lo que se entiende por oración). Hacer el pequeño compromiso de vencer el egoísmo en una pequeña cosa cada día por el bien de los otros (a eso se le llama amar). Hacer el pequeño-gran compromiso de vivir cada día en coherencia con nuestra vida cristiana. Lo que es importante ha de caber. Pero más todavía, lo que es necesario.